Abuelos vs. padres

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Cuando tus hijos nacen la gente te avisa de todo lo superficial y evidente que va a pasar, pero de lo realmente trascendental nadie te previene. Nadie te habla de esa larga lista de cosas que van a tener un impacto importante en tu vida.

Entrevistando a muchas madres y padres para mi libro me he dado cuenta de que es muy común el conflicto con los abuelos, sobre todo en primerizos. Es un tema que por cuestiones de espacio no pude incluir en el libro pero que incluyo a continuación, aunque no esté tan desarrollado como me hubiese gustado.

¿Cual es el problema? Con el nacimiento del primer nieto ocurren diversos acontecimientos sobre los que nade ha reflexionado. Parece mentira los cientos de horas que dedicamos a las noticias de actualidad o a entretenernos con los más variados pasatiempos mentales, y las pocas horas que destinamos a pensar en lo primordial.

Empecemos por lo más evidente. Los padres tienen un hijo por primera vez, por tanto no tienen ni idea de a lo que se enfrentan. Tienen ante sí la titánica tarea no solo de criar sino de aprender a criar. Todo lo tienen que descubrir prácticamente de cero, ya que apenas han visto criar a nadie. Lo más probable sea que solo hayan escuchado los dos consejos generales que ya expliqué en otro artículo: o bien tranquilos, que hay métodos, o bien tu aguanta que a los tres entran en el cole. En resumen, inexperiencia total, desconocimiento de los obstáculos que van a tener que superar y falta de información. Una combinación genial.

Ahora fijémonos en los abuelos. ¿Qué supone para ellos el nacimiento del primer nieto? Nuevamente nos encontramos con explicaciones superficiales y simplistas. “Una gran alegría”, “un sueño hecho realidad”, etc. Correcto. Muy bien. Pero, ¿qué supone?

Hay dos  hechos evidentes e indiscutibles que este nacimiento provoca por sí mismo. En primer lugar los abuelos pasan de ser simples adultos a personas mayores. Han superado su zenit y ahora, quieran o no, se encaminan hacia la parte final de la vida. Esto a veces es difícil de aceptar. El nacimiento del bebé es un hito que implica entender y enfrentarse a que la vida no es para siempre. Ya no son padres, ahora son abuelos.

Esa es, precisamente, su principal función familiar ahora. Son abuelos y es menester que como tales se comporten, es lo que la naturaleza espera de ellos. Es lo que su nieto necesita de ellos.

Ser abuelo no debe ser fácil, no solo implica una serie de experiencias agradables y bonitas, más lidiar con yerno o nuera, sino que también implica empezar a enfrentarse al final inevitable, a hacer balance, a darse cuenta… Mientras se es padre uno no piensa en la muerte, se está demasiado ocupado, pero ahora el nacimiento del nuevo bebé les dice directo y a la cara una verdad indiscutible, el tiempo pasa, te estás haciendo mayor.

No todo el mundo reacciona igual pero, en general, todas las familias coinciden en que si hay conflictos con los abuelos son siempre con el primer nieto. Luego la cosa se va relajando, si lo sabes llevar, claro.

Simultáneamente este catalizador, el nacimiento, implica otros hechos igual o más  importantes todavía. Su niño, o su niña, ya no es tan niño o tan niña. Ahora es un adulto al cien por cien. ¿Qué prueba de adultez puede haber más allá de ser padres? Esto implica una rebaja automática en la autoridad de los abuelos sobre su hijo o hija. A un adulto no se le manda, se le manda, si acaso, a un niño y sus hijos de niño o de niña ya no tienen nada.

En segundo lugar, está toda esa larga lista de decisiones que componen los primeros años de la crianza. Decisiones que han de tomar los padres pero que en algunos casos intentan tomar los abuelos, y de ahí el conflicto. El recién nacido, pese a ser muy esperado y deseado, no es su hijo, es su nieto y por tanto la capacidad de decisión que tienen sobre su vida es enormemente inferior a la que en su día tuvieron sobre su recién nacido. Ser abuelo no es revivir la paternidad o la maternidad, es algo totalmente diferente y único en sí mismo, con unas reglas completamente distintas.

La mayoría de problemas vienen derivados de esta negativa a aceptar este nuevo orden natural. La tozudez y el empecinamiento en seguir tratando al hijo o a la hija como a un menor, la costumbre de mandar o la negativa a dejar ir, no hace más que producir un alud de malestar exacerbado en toda las partes. El antiguo sistema con la nueva situación ya no funciona, tuvo su época de protagonismo pero ahora ha quedado obsoleto. Es entonces cuando cada pequeña decisión de los padres se transforma en una batalla dialéctica con los abuelos. Aparecen sugerencias cercanas a las órdenes o menosprecio hacia las capacidades paternales o maternales de los nuevos padres. Más por constatar que se sigue teniendo una cierta autoridad que por el bienestar del recién nacido.

Ante esta inesperada situación, los nuevos padres muchas veces no saben qué hacer. En realidad no tienen muchas opciones. El camino que marca la naturaleza es el que es. Al ser padres han aceptado una serie de responsabilidades vitales y, entre ellas, está la de gobernar sus propias vidas, solucionar todos los obstáculos que se les pongan delante, aunque les cueste, y hacer lo que crean más conveniente en cada momento buscando siempre lo mejor para los que viven bajo su techo. Eso es, al fin y al cabo, criar. Pueden renunciar a este nuevo orden natural, por supuesto. A veces pasa, y entonces tienes a esas familias donde la abuela hace de madre y la madre hace de hermana del bebé, y lo mismo con el sector masculino. Patético. Dramático. De mal encajar.

Soy partidario de respetar casi cualquier sistema organizativo que las familias escojan, al fin y al cabo es su vida. Pero para mí es intentar circunvalar lo inevitable. ¿Cómo ejercerán esos padres cuando les llegue el momento de ser abuelos? ¿Cómo crecerán esos niños? Sin padres y sin abuelos. Cuan desgraciada existencia, sin vivir la experiencia fundamental de tener a unos y a otros cuando paradójicamente los tiene tan cerca.

Quizás me equivoque pero creo que hacer de abuelo debe ser algo extraordinario. Tienes a los niños solo a ratos y te dedicas casi en exclusiva a hacer actividades super positivas y gratificantes con ellos, a transmitir la sabiduría, poca o mucha, que te ha dado una larga vida. Debe ser duro aceptar el ocaso, más en una sociedad donde está prácticamente prohibido hacerse mayor y hay que ser una Spice Girl hasta más allá de los 60. Pero si superas eso tienes vía libre para crear un vínculo fundamental para el niño. Yo tengo un muy buen recuerdo de mis abuelos, historias de complicidad, de libertad, de aprendizaje y de admiración. Ellos son los guardianes de la puerta que nos conecta a nuestro pasado más remoto.

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Author: jescriu

Escritor y realizador de vídeo, padre homeschooler.

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