LAS BASES PRE-CURRICULARES

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Hay requisitos previos al aprendizaje curricular. Son los cimientos en los que luego se apoyará esta educación y, por tanto, cuanto más afianzados estén, mejor. Sin ellos los contenidos académicos se sostendrán en precario equilibrio y tenderán a desmoronarse o a encallarse continuamente, con enormes e infructuosos dispendios de energías y grandes dosis de frustración asociadas.

Éstas bases no están formadas por ni por materias a entender ni por conocimientos académicos a estudiar, sino por principios mucho más elementales.

Tenemos claro que los niños vienen al mundo sin conocer ningún contenido académico, pero no tenemos tan claro que los padres ignoren todo cuanto hay que saber respecto a la crianza y la educación. Por alguna razón, partimos de la base que “como adultos algo sabemos de crianza” y no es así. Sabemos lo que hemos visto en la tele (sin comentarios) o lo que nos ha explicado la generación anterior, la cual fue vehementemente aconsejada a basar toda su crianza en tres ejes fundamentales: el conductismo, el biberón y el delegar en instituciones y expertos. Por tanto, al querer algo diferente, carecemos de referentes válidos para nosotros.

Lo mismo ocurren en cuanto a la educación. Todos hemos ido al colegio y pasado nuestros años de estudio en un sistema de pupitres, filas y tarima. ¿Qué sabemos de la educación más allá de esa experiencia?

“No saber” no debe darnos vértigo, simplemente hemos de estar dispuestos a empezar de cero y a hacer nuestra parte. Lo diré claramente: señores, la película no va de que el niño haga o deje de hacer, el padre y la madre son co-protagonistas de toda esta historia. Como escribía en un artículo reciente sobre NOSOTROS, LOS HOMESCHOOLERS:

La capacidad de aprendizaje del adulto es más importante que la del niño.1

Vayamos por partes y veamos qué es lo que debemos crear y aprender nosotros. En primer lugar y antes de nada, un ambiente de seguridad:

Para que se dé el aprendizaje curricular en casa lo importante es empezar por crear un ambiente de seguridad y confianza, un ambiente donde desde un principio no haya miedo a no saber la respuesta correcta, ni vergüenza de equivocarse. Un ambiente sincero y no superficial, en el que a fin de cuentas los errores no sean vistos como una derrota o un signo de debilidad, sino como lo que realmente son, el instrumento imprescindible para aprender.2

Observemos qué ocurre cuando pasamos esto por alto y dejamos que nuestras expectativas gobiernen la situación.

…un ambiente curricular paralizador donde la búsqueda del acierto sea el centro del universo, donde se sea intransigente con los errores y donde a fin de cuentas no se invite para nada a levantarse, pues volverlo a intentar implica volver a enfrentarse a la frustración y la decepción de los padres, es un ambiente en el que no puede darse la educación.3

Más claro, el agua.

El total desconocimiento de la manera en cómo aprenden los niños, más nuestra ansia por demostrarnos a nosotros mismos y al entorno que somos capaces, no hace más que entorpecer nuestro camino educativo. Así, en vez de ir hacia aprendizajes  mejores, más rápidos y más eficaces, nos dirigimos directos al desastre, al bloqueo y a los mecanismos de defensa. En vez de crearse una sólida base se está construyendo una cimentación de arena de playa.

Empecemos de nuevo.

Vale la pena detenerse y pensar en lo esencial y en el orden de las cosas. Olvidemos lo curricular por un momento ¿Cómo podemos conseguir ese ambiente de seguridad y confianza tan necesario? Para empezar, calma. Tu hijo nunca estará tranquilo si tu estás histérico, así que empieza por aprender a relajarte. Déjale que haga sus cosas y empieza a hacer para qué no te afecte lo que se espera de vosotros, ni sus equivocaciones, ni cuando no te entiende. En esta fase no importa si no tu hijo no aprende ni un solo contenido curricular, paciencia, aprenderá, los niños no son tontos. ¿Y tu? ¿Aprenderás? Eso no depende de nadie más que de ti.

Una vez te domines y puedas afrontar la educación con la calma suficiente, céntrate en la comunicación. Tu hijo, ¿sabe escuchar de verdad? ¿sabe expresar ideas elaboradas? ¿Y tu? En ningún punto de todo este proceso hay lugar para el autoengaño. Estáis en la privacidad de vuestras vidas y, por tanto, sería absurdo que te mintieras a ti mismo. Se sincero, estás aquí para ayudarte. ¿Estás realmente relajado o es que eres capaz de mostrar una fachada de relajación? Son cosas diferentes. ¿Podéis comunicaros ideas de manera efectiva o toda la comunicación no pasa de la simplicidad superficial? Se honesto, trabájalo, aprende y enseña.

Aunque es a todas luces evidente que sin una buena comunicación no tiene sentido   exponer nada, muchas personas deciden saltarse este paso e ir directos a explicar contenidos curriculares. Tal es la presión del epidémico “cuanto antes mejor”. Son como un herrero novato picando en hierro frío, hacen un estruendo horrible que no lleva absolutamente a nada. Si tu hijo no te escucha ¿cómo le vas a explicar matemáticas? Si tu no le escuchas a él ¿cómo vas a saber qué parte no entiende? Incluso aunque tuviese el más genuino de los intereses ¿cuánto va a dar de sí ese interés si la comunicación a duras penas llega a los mínimos de efectividad?

En esto no hay que tener complejos de ningún tipo. Si para trabajar la comunicación o cualquier otra cosa se ha de ir atrás en el tiempo hasta etapas ridículamente infantiles, pues se hace. Estamos atendiendo a la construcción de unas bases sólidas y no tenemos que rendir cuentas a nadie más que a todos nosotros.

Una vez puesta en marcha la comunicación entonces y solo entonces podremos adentrarnos en lo curricular. Como ya comenté, en el homeschool cada familia da estos contenidos como considera que ha de hacerlo, pero hay unos principios fundamentales a tener en mente, así junto al ambiente de seguridad nos encontramos también las siguientes bases pre curriculares.

Estar abiertos a comportamientos peculiares:

Hay niños que aprenden a sumar de pié, o moviéndose constantemente, otros que pasan por imparables ataques de risa a todo volumen, otros que adoptan posturas extravagantes, otros que necesitan un silencio y una quietud sepulcral… Todo eso en un aula quizás llamaría demasiado la atención como para ponerlo en práctica, pero no lo veo para nada problemático en el caso del homeschooling. Si tu hijo aprende a sumar dando vueltas alrededor de la mesa, ¿qué más te da? Tú en ese momento ¿qué quieres?, ¿que aprenda a sumar o que se esté quieto? Tampoco se va a pasar toda la vida sumando así, pero para entenderlo, para lograr que se le quede en la cabeza el concepto nuevo él ahora necesita hacerlo así. Igual que a veces los adultos gesticulamos exageradamente cuando estamos justo a punto de comprender grandes cosas o de hacer grandes conexiones mentales o de entender el funcionamiento de algo realmente complejo para nosotros. Nos ponemos de pié eufóricos, abrimos las manos, movemos los brazos. No hacerlo sería perder el hilo.4

Saber aceptar la diferencia en el flujo de ritmos:

[El ritmo de aprendizaje del niño] es normal que no esté sincronizado con la velocidad que el padre o la madre preferiría seguir: donde el adulto espera que todo suceda de manera más o menos constante, o en el mejor de los casos de manera logarítmica, se encuentra que los niños comprenden de manera imprevisible. Avanzando en cuestión de minutos lo que cabría esperar que les llevase semanas y tardando semanas en entender lo que cabría esperar les llevase tan solo un momento. A todo eso y para acabarlo de complicar, añádansele las inevitables expectativas que el adulto pudiera tener, que son parte fundamental de la ecuación, o la presión que este padre se imponga por el qué dirán.5

Entender que cada niño es diferente, aunque sean hermanos.

El reto para el adulto no solo está en sincronizar el flujo de ritmos, sino también en adaptar las explicaciones al modo de comprender que tiene el niño en cuestión. Ante un mismo concepto dos niños diferentes necesitarán explicaciones transmitidas de maneras completamente distintas. Esto lo vemos todos los que tenemos más de un hijo. Rápidamente nos damos cuenta de que las explicaciones que sirven para uno, el otro no las entiende. Pero si en cambio se lo explicamos yendo por otro camino, entonces sí. Uno puede necesitar que le expliquemos todos los pasos necesarios, como si de un manual de instrucciones se tratase, otro que en vez de eso le pongamos montañas de ejemplos con diferencias clave entre sí y casi ni le expliquemos los mecanismos. Encontrar la manera adecuada para cada momento, cada persona y cada explicación es un arte que se aprende con mucha paciencia, dedicación y buen humor.6

Trabajar la capacidad de concentración:

Una confusión muy habitual es que los niños están aprendiendo materias. Eso es cierto, pero solo en parte. Sí, inevitablemente se aprenden materias, pero lo que de verdad están aprendiendo es a tener la capacidad de concentrarse. Si se tiene esta capacidad uno puede estudiar cualquier cosa. Por eso los niños daneses aprenden a leer a esa velocidad cuando se ponen a los 7 años, porque su capacidad de concentración es infinitamente mayor a la de los niños españoles de 3 años, que por mucho que lo intenten no pueden avanzar igual de rápido. Sin esta capacidad de asimilación, de comprensión y de concentración no tiene ningún sentido explicar nada. A lo más que se aspira es a memorizar, lo cual para algunas cosas es útil e imprescindible pero nunca podrá competir con la comprensión ni con el entendimiento. Eso en el mejor de los casos. En el peor, la falta de esta capacidad crea un bloqueo contra todo lo curricular que luego lleva años deshacer.

Ser capaz de concentrarse es algo que no tiene mucho secreto, todos conocemos los requisitos necesarios. Está en primer lugar la necesidad de calma, silencio y tranquilidad, y luego la necesidad de un cierto orden. Hay que ser muy sinceros al respecto y no cabe el autoengaño. O hay un ambiente de calma y silencio o no lo hay. Si no conseguís estar genuinamente tranquilos los dos, no pasa nada, pero entonces es mejor dejarlo por el momento. Y si nunca hay momentos en los que los dos cumpláis estos requisitos, ya sabes lo que tenéis que trabajar.7

Y para ello el orden, concepto muy pasado de moda, lo se:

para explicar, comprender y afianzar conceptos es necesario un orden que empieza por lo espacial. La misma mesa donde nos sentemos debe tener todo lo necesario y prescindir de todo lo que no aporte nada y lleve a distracciones. Lo mismo ocurre con la pizarra o el papel. Cuando un niño aprende por ejemplo a pasar de las sumas en el entorno físico a las sumas en papel necesita tener el máximo de limpieza posible. El hacinamiento de cifras, los números mal borrados o un orden pobre sobre el papel lleva directamente a la confusión e inevitablemente desemboca en que el niño se pierde y comete errores. Errores frutos del desorden, no de una falta de agilidad mental o capacidad de cálculo. Esto tiene especial importancia sobre todo cuando se están interiorizando conceptos por primera vez, cuando el niño está pasando de no saber hacer algo a saber hacerlo. Ahí la suma de equivocaciones puede provocar que él mismo, o el padre, piense que no está mentalmente capacitado, cuando lo único que le pasa es que le falta poner orden en el espacio.8

Igualmente importante es saber distinguir la diferencia entre “no puedo” y “me da pereza”. Son cosas diferentes. Entiendo que habrá gente incapaz de aceptar esta afirmación.

hay que tener en cuenta que en [el terreno curricular] hay conceptos que al niño en ese momento de su desarrollo simplemente no le caben en la cabeza, no los puede entender, y en cambio hay otros con los que sí puede trabajar pero que en ese momento le dan una pereza horrible. Esa es la diferencia que en mi humilde opinión hay que saber distinguir para hacer homeschooling. En el tiempo dedicado a la educación curricular, sobre todo si te sientas en la mesa en plan “ahora toca homeschooling”, no hay lugar para la pereza. Caben las equivocaciones, los errores, los comportamientos fuera de lo común… todo lo que quieras, pero la pereza y el tedio no. No se puede pedir a alguien que entienda algo que en ese momento le es imposible entender, por muy lógico y sobre todo evidente que nos parezca lo que estemos explicando, pero sí que se le puede pedir que se aplique y ejercite lo que ya entiende y así avance, pues en la consolidación de lo que ya sabe están las herramientas para llegar al resto.9

Encontrar la manera adecuada o dejarlo estar:

Por poner un ejemplo, es muy normal que a un niño pequeño que todavía no sabe sumar le digas:
–¿Cuánto son 3+2?
Y hagas lo que hagas no lo sepa. Pero en cambio le digas –Si estamos tu hermano, tú y yo en el comedor y entran los abuelos, ¿cuántos somos?

Y sí que lo sepa casi sin pensar. Esos son los caminos que creo que hay que saber encontrar. Porque si sigues con el 3+2 así tal cual y a palo seco o con manzanas en esa época no le va a entrar en la cabeza, te pongas como te pongas, y te sale mucho más a cuenta dejarlo estar10.

Tratar sus esfuerzos con sumo respeto:

Como en todo, prácticamente es tan importante saber hacer como saber parar. Los niños tienen una capacidad de concentración limitada y cuando ves que llega a su fin hay que dejarlo estar sin dudar ni un momento. No importa que te parezca que has hecho poco por hoy, lo relevante es que han trabajado en un ambiente seguro y de concentración. Si continúas, estarás intentando explicar contenidos curriculares a un niño que por hoy ya no se puede concentrar más y todo lo que consigas será contraproducente. Él ha cumplido, ahora a jugar o a ocuparse con las cosas que le dé la gana11.

Y por último. Atender a la curiosidad pura, aunque aparezca a horas intempestivas.

Debo hacer una advertencia a todo el que se embarque en el homeschooling, es algo contrastado con casi todos las familias que conozco: en lo que respecta a los conceptos más duros el interés genuino y en el más puro de sus estados suele darse a altas horas de la noche justo en el momento en el que estás totalmente extenuado y listo para irte a la cama. Es verdad que también van surgiendo intereses durante el día y es de recibo atenderlos, pero la voluntad espontánea de comprender las cosas más complicadas suele darse de tanto en cuanto y a horas intempestivas. Es algo que pasa en casi todas las casas y no sé si tiene que ver con el silencio y la relajación propias del momento previo a ir a dormir o con algún tipo de conexión neuronal o qué, pero la verdad es que ocurre y mucho. Me parece absurdo dejarlo pasar. Hacer homeschooling es como hacer surf, cuando viene la ola has de cogerla12.

Notas

1. Homeschooling. Realidades, mitos y leyendas sobre educar en casa
2. Nosotros, los homeschoolers. Realidades, mitos y leyendas. Pag 110
3. Nosotros, los homeschoolers. Realidades, mitos y leyendas. Pag 111
4. Nosotros, los homeschoolers. Realidades, mitos y leyendas. Pag 116
5. Nosotros, los homeschoolers. Realidades, mitos y leyendas. Pag 111
6. Nosotros, los homeschoolers. Realidades, mitos y leyendas. Pag 112
7. Nosotros, los homeschoolers. Realidades, mitos y leyendas. Pag 113
8. Nosotros, los homeschoolers. Realidades, mitos y leyendas. Pag 114
9. Nosotros, los homeschoolers. Realidades, mitos y leyendas. Pag 115
10. Nosotros, los homeschoolers. Realidades, mitos y leyendas. Pag 115
11. Nosotros, los homeschoolers. Realidades, mitos y leyendas. Pag 116
12. Nosotros, los homeschoolers. Realidades, mitos y leyendas. Pag 116

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Author: jescriu

Escritor y realizador de vídeo, padre homeschooler.

1 thought on “LAS BASES PRE-CURRICULARES”

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