Mi experiencia con la lateralidad cruzada

ambidA los 16 años un doctor en neurología me recetó cambiar la mano con la que escribía. ¿El diagnóstico? Lateralidad cruzada.

Debo explicar que el médico, aunque tenía sus ideas, no era lo que diríamos un jipi. Era más bien un ilustre señor con traje y corbata, muy distinguido entre sus colegas y que estaba en lo más avanzado de la investigación neuronal en España y en Europa.

Mis resultados académicos y las constantes quejas de la escuela respecto a mi comportamiento hicieron que mis padres me acabasen llevando a su consulta. Tras varias pruebas y preguntas me explicó lo que me sucedía de la siguiente manera:

La lateralidad cruzada, en términos simples, es cuando la información en tu cerebro viaja por el camino más largo. Es como si intentases conectar dos teléfonos que están uno al lado del otro: la llamada puede ir de un teléfono a la torre de comunicación más cercana y al otro teléfono. O puede ir dando la vuelta al mundo, pasar por los sistemas telefónicos de 53 países diferentes y finalmente llegar al otro teléfono. De esta manera es bastante fácil que se pierda información por el camino, que la señal llegue distorsionada, etc. Eso es la lateralidad cruzada.

¿Por qué escribía con la mano que no me correspondía neurológicamente hablando? Los niños no definen su lateralidad, es decir, no se vuelven zurdos o diestros, hasta hacia los 6 años. Antes de esa edad pueden usar cualquiera de los dos brazos sin que eso signifique nada. En mi caso, de pequeño, algún día debí coger la tiza o el lápiz con la mano izquierda y, a partir de ese instante, los profesores dictaminaron que “este niño es zurdo”. Así, desde entonces, siempre que tocaba escribir me recordaban que era zurdo, hasta que acabé aprendiendo a escribir con la izquierda, pese a ser diestro. ¿El resultado? 10 años de caos.

Diagnosticar la lateralidad cruzada o sus variantes no es cosa de aficionados. No se puede hacer bien antes de los 5 o 6 años y se han de hacer diversas pruebas que llevan varias sesiones. No se trata solo de ver con qué ojo miras o con qué mano te peinas, es un poco más complicado que eso. Ante la duda yo recomiendo ir a algún especialista con vasta experiencia en el tema. Hay médicos que no saben ni lo que es, lo admitan o no. En unas tres o cuatro sesiones de varias horas ya deberías tener el resultado.

Cambiar de mano es relativamente sencillo, sobre todo si vas a la mano que te conviene ir. Hay ejercicios que ayudan a realizar las conexiones necesarias, porque se trata de eso, de que la información viaje por el camino más corto. Al principio parece totalmente imposible pero los beneficios se notan rápido. Yo pasé de ser literalmente el último de la clase a ser el primero, claro que también cambié de colegio y eso ayudó, pero bueno, mi periplo escolar por centros públicos, privados, concertados y extranjeros ya os lo explicaré en otra ocasión.

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Author: jescriu

Escritor y realizador de vídeo, padre homeschooler.

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