El poder de los videojuegos e internet

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Los que vivimos la época de Super Mario y Sónic hemos reflexionado más bien poco sobre el potencial de los videojuegos. Para muchos de nosotros son un pasatiempo que ha ido mejorando en cuanto a gráficos, y poco más.

Todos somos conscientes, por ejemplo, del papel transformador que ha tenido el Cine. Consideramos su potencial educativo como evidente, y sin embargo pasamos por alto que desde el 2009 la industria de los videojuegos mueve más dinero que toda la industria cinematográfica del mundo combinada. Un negocio de estas dimensiones, al igual que antaño el cine, es más que un simple pasatiempo.

Dejadme que ponga un ejemplo: Imaginemos por un momento el impacto que tendría un juego al estilo Call Of Duty pero basado en los acontecimientos de la Plaza de Tiananmen. Un juego en el que los participantes se opusiesen al régimen comunista y tuviesen la misión de derrocarlo. El revuelo que se armaría sería impresionante y las ramificaciones alcanzarían millones de personas. En el mundo pasarían muchas cosas, transformaciones tangibles y profundas, fruto de ese juego. Lo primero que sucedería, por supuesto, sería la inmediata prohibición del mismo parte del gobierno Chino, y lo segundo es que los chinos buscarían y encontrarían maneras alternativas de jugar, acciones que producirían reacciones, que producirían más acciones y así sucesivamente.

Este ejemplo tan tosco debería ser suficiente para hacernos ver que la irrupción de los videojuegos es equiparable a la irrupción de la radio, el cine o la televisión. Con el añadido que estos elementos eran grandes monolitos sólidos, aislados y estables. Mientras que los videojuegos, pese a superarlos de calle, son solo una parte relativamente pequeña de la revolución digital.

Es por eso que la importancia del descubrimiento de internet es comparada por muchos autores con el descubrimiento del fuego. A veces olvidamos que somos la última generación occidental que vivió su infancia sin acceso internet. Nuestros hijos la abrazan con la naturalidad del bebé que siempre ha visto arder una hoguera, nosotros la tratamos con un comprensible recelo, conscientes de que pudimos vivir sin ella aunque hoy lo impregne ya todo.

Hemos dedicado poquísimo tiempo a reflexionar sobre estos temas y nuestra política al respecto ha sido más bien simplona. Aunque queme, internet no puede ser tratado como  un mero substituto de la biblioteca. Una hoguera es mucho más que una manta y nos capacita para hacer muchísimo más que antes. Quizás el primer sitio donde deberíamos empezar a hablar sobre el tema es precisamente aquí, en internet.

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Author: jescriu

Escritor y realizador de vídeo, padre homeschooler.

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