6 herramientas digitales para viajar con niños que te harán la vida más fácil

Tras un mes viajando por Malasia con nuestros hijos regreso no solo convencido, sino entusiasmado, de lo útil e indispensables que son las herramientas digitales que hemos usado durante el viaje. Tal es mi emoción que me he decidido a escribir un post al respecto, cosa rara en mí.

Yo siempre había viajado a la antigua, con mapas de papel y voluminosas guías de viaje en la mochila. Manteniendo largos debates con taxistas tozudos sobre la inmoralidad de negarse a usar el taxímetro, intentándome orientar por centros urbanos ignotos sin nombres en las calles, intentando desplegar el mapa sobre una superficie inexistente, regateando el precio de la habitación en la puerta del hotel, ya sabéis, todo el pack de como se viajaba antes.

Esta vez decidimos hacerlo diferente, viajar con niños obliga a afinar al máximo la maquinaria de la eficiencia: cada kilómetro que te ahorras caminar y cada discusión absurda que te ahorras marca la diferencia entre una experiencia extraordinaria y una pesada. Así que allá voy:

  1. Cosas que quizás no sabías sobre whatsapp

Aunque le quites la SIM a tu teléfono el whatsapp sigue funcionado, si te conectas a un wifi claro. De la misma manera, si le pones a tu teléfono una SIM prepago de otro país con un plan de datos y abres el whatsapp verás que todo sigue igual, es como si no hubieses cambiado nada, puedes seguir hablando con tus contactos y en los grupos en los que estas, tu foto de perfil es la misma, tu numero (de whatsapp) es el mismo de siempre, tus conversaciones y fotos están donde estaban.

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Puedes hacer llamadas por whatsapp, estas llamadas van por internet, es decir, solo consumen datos o wifi. Si quieres llamar a alguien que está en España desde la otra punta del mundo y lo llamas por whatsapp la llamada solo consumirá datos o wifi y costará lo mismo si estáis a un metro o a 20.000 kilómetros. Se oye muy bien siempre que la conexión sea medio decente.

Otra función interesante de whatsap es que puedes adjuntar la localización de donde estás. En una conversación ir a adjuntar (el símbolo del clip de papel) > localización > enviar localización actual. La persona lo recibe y al hacer click se le abre el sitio en googlemaps.

  1. El roaming te puede costar lo mismo que una coche nuevo, compra una tarjeta prepago local.

Esto no es una broma. Los gastos de transmisión de datos en el extranjero con tu tarjeta española pueden costarte miles de euros. En nuestra compañía por ejemplo la tarifa para Malasia es de 12€ el mega, esto quiere decir que si por casualidad tuviésemos los datos encendidos y nuestros hijos viesen 2GB de vídeos (una hora y media de youtube en HD) la factura ascendería a 24.000 €!!!!! En cambio una tarjeta prepago en Malasia con cobertura 4G y 3 GB de datos nos costó solo 11 € para cada uno. Esto es altamente recomendable, no solo para evitar la bancarrota sino por lo conveniente de poder tener datos en todo momento y no depender de si encuentras wifi. Tener datos te permite comunicarte con tu pareja, familia y amigos en todo momento, hacer llamadas locales, abrir el mapa en todo momento, reservar vehículos y alojamientos… la lista de ventajas es interminable.

  1. Uber, la panacea para moverse con niños.

Uber es una app que conecta a conductores con gente que quiere ir a sitios. Es una especie de taxi 2.0. Los pagos se hacen con tarjeta de crédito mediante la app, así que solo tienes que decir dónde quieres que te recoja el coche, donde quieres que te deje y ya está. En tres o cuatro minutos aparece el conductor, te subes, tienes una agradable conversación durante la carrera y al llegar te bajas. No hay que hacer nada más, ni apretar ningún botón ni nada, Uber te cobrará por la carrera (sabe cuál ha sido el recorrido gracias a tu móvil y el del conductor) y le pagará al conductor. El precio aproximado de lo que te va a costar lo sabes antes de solicitar el coche y, al acabar la carrera, Uber te solicita que puntúes al conductor. Utilizan un sistema de 5 estrellas y los conductores necesitan mantener una media de 4.6 para poder seguir trabajando. De la misma manera, al acabar el viaje el conductor te puntúa a ti. Los viajeros que tienen puntuaciones muy bajas también son expulsados de la app. 

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Al ir 4 personas Uber sale muy a cuenta. En Malasia nos costaba casi lo mismo que ir en transporte público los 4.

  1. Google photos. Back ups hasta el infinito y más allá

La aplicación de google photos te permite hacer una copia de seguridad automatizada de todas tus fotos en alta resolución (hasta 16MB por foto) y vídeos en HD 1080p (hasta 2GB por clip), sin límite de espacio. Puedes configurarlo para que haga la copia de seguridad solo cuando tengas wifi. Esto soluciona uno de mis mayores quebraderos de cabeza, que es estar pendiente de no perder ninguna foto o vídeo y, al mismo tiempo, ir liberando espacio para poder grabar más.

Los que necesiten más resolución pueden escoger la opción “Original” que guarda las fotos y los vídeos exactamente como se tomaron (con un máximo de 75MB por foto y 15GB por vídeo), aunque se come espacio en tu googledrive.

  1. Airbnb. Tu casa lejos de tu casa

Airbnb ponen en contacto gente que alquila su casa, o parte de su casa, con gente que necesita un sitio donde hospedarse. La reserva y el pago se hace mediante la plataforma y es una manera rápida y cómoda de escoger lugares dónde hospedarse. Puedes ver las valoraciones que ha dejado la gente sobre el sitio, las fotos del lugar, la posición en el mapa, el precio y los servicios. Al ir con niños alquilar un apartamento facilita mucho las cosas. Tienen más sitio para moverse, tienes diferentes espacios, puedes cocinar, tienes tu propia lavadora, wifi… son pequeños detalles que te facilitan mucho el viaje. Nosotros escogimos todos los alojamientos con piscina y eso marcó una gran diferencia en el confort de nuestro viaje. Tras un día largo visitando cosas interesantes los niños estaban encantados de volver al apartamento a bañarse. Igual que con Uber, Airbnb tiene un sistema de control de calidad de sus usuarios basado en valoraciones mútuas. No puedes ver lo que el huésped ha escrito de tí hasta que has escrito tu opinión sobre él, y viceversa.

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  1. Funciones super útiles de Google maps.

Googlemaps no es solo un mapa para saber dónde estás o cómo llegar a un sitio en concreto. Su función de buscador de sitios es de las que más hemos utilizado durante el viaje. Por ejemplo, te acabas de levantar y te apetece desayunar fuera en algún sitio family firendly donde sirvan desayunos potentes. Abres googlemaps y buscas “breakfast” y automáticamente te aparecen en un mapa y en una lista todos los sitios donde ofrecen “breakfasts” cerca de tí. Al pulsar en cualquier nombre de la lista puedes ver, no solo la localización, la web y los datos de contacto, sino también las fotos que han hecho otros usuarios y, más importante, las puntuaciones y comentarios que han dejado sobre el establecimiento. Esto te permite tomar una decisión informada. Una vez decidido haces click y googlemaps te ofrece la ruta más corta para llegar. Puedes ver el recorrido en coche, en transporte público, caminando, en bicicleta y en Uber. Pero no solo ves el recorrido, ves también lo que vas a tardar con los diferentes métodos de transporte y el coste que va a tener cada uno. Todo esto se traduce en un enorme ahorro de tiempo y facilita mucho una rápida toma de decisiones… También te permite llamarlos directamente.

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Una vez en el sitio, y si te apetece, puedes subir tus fotos sobre el lugar, hacer una valoración sobre el sitio y dejar tus comentarios para que otros viajeros puedan decidir si vale la pena ir o no. Esto es una manera muy efectiva de contribuir a hacernos la vida más fácil unos a otros. Yo debo confesar que me volví adicto a dejar valoraciones y a subir fotos sobre los sitios.

Conclusión:

La tecnología lo ha transformado todo, también los viajes. No tiene nada de malo, ahora llegas a sitios donde antes nunca hubieses podido llegar. A partir de ahí, son solo herramientas. Sigues siendo tú el encargado de hablar con la gente local, de descubrir nuevos sitios y maneras de llegar, de buscar experiencias transformadoras. Es lo mismo que antes, pero vas mejor equipado.

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Safe travels!

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Internet y renovación pedagógica

HILLARY

Peleándome con mi móvil tuve una revelación importante: mejor acostúmbrate. No se cual era la app en cuestión, pero mi cabreo era el de siempre. ¿Ahora tengo que aprender a usar esto? Pues sí, había llegado el momento. Cómo suele ser habitual, lo hice a regañadientes y, como suele ser habitual también, una vez supe usarla mi vida se hizo más sencilla. Para eso la habían inventado al fin y al cabo.

Al final decidí rendirme, no iba a oponer más resistencia, al contrario. El mundo en el que tu aprendías algo antes de los 25 y te pasabas el resto de tu vida ejecutandolo forma parte del pasado. Ahora toca aprender ad eternum, y tu opinión al respecto importa bastante poco. Puedes por supuesto negarte, igual que puedes negarte a buscar algo en google e irte a la biblioteca nacional.

Con la educación de los niños pasa lo mismo. Este cambio de paradigma en el aprendizaje parece haber pasado desapercibido y se sigue intentando condensar todo en los primeros años, como si pudieses hacer todo el trabajo de golpe. Por más que busco no encuentro renovación pedagógica alguna en ese sentido. Lo máximo son los trabajos por grupos o el aprendizaje por intereses, pero en mi opinión estos métodos se celebran de manera exagerada. Que a principio del S.XX esas iniciativas fuesen revolucionarias es comprensible, que hoy se muestren como punteras, la verdad, no.

El acojonamiento escolar ante internet es bastante profundo, y con razón. Es complicado ponerle puertas al campo digital. Es binario, o das full access o gastas innumerables recursos en monitorizar el tráfico. Si haces lo primero, los alumnos corren libremente por el salvaje mundo digital. Si haces lo segundo, los alumnos olvidan todas las tareas asignadas y se concentran en maneras de saltarse las barreras impuestas para correr libremente por el salvaje mundo digital. Complicado.

¿Qué hacer? Lo primero es bajarnos del pedestal y admitir que la vamos a cagar. Estamos ante una realidad demasiado nueva como para saber cual es el camino correcto y solo podemos recurrir a la eterna prueba y ensayo. En otras palabras, nos toca aprender a educar con internet.

Lo primero que sugiero a quien quiera embarcarse en esta tarea es que coja el toro por los cuernos y, para empezar, se sumerja en lo que la no-presidenta de los EEUU llamó “los más oscuros rincones de Internet”. Uno de los pocos profesores que dejó una marca en mí solía decir que “para entender algo hay que irse al extremo”, vayamos pues a visitarlos.

Por una cuestión de decoro no diré cuales considero yo que son esos rincones. Tendrás que descubrirlos tú. Eso es, al fin y al cabo, un principio universal del aprendizaje, aprender haciendo. Una vez consideres que ya has visto suficiente puedes sentarte a reflexionar: habiendo lo que hay en la red, ¿cómo hago para que mis hijos no se hagan, ni causen, un daño irreparable?

Con esa cuestión resuelta, que imagino en esta etapa cada uno resolverá de manera personalizada, puedes olvidarte de levantar una enorme alambrada digital alrededor de tus hijos y concentrarte en dotarles de las herramientas útiles y necesarias para transitar por ese campo. Son cuestiones tanto tecnológicas, como psicológicas y emocionales. Tan necesario es saber usar una app determinada como saber ser inmune a un troll, tan importante es tener passwords fuertes como no cagarla en facebook.

La lista del mínimo imprescindible para ir por internet está tan vacía como la del mínimo imprescindible para ir por la vida. Lo máximo que uno encuentra son generalidades y grandes declaraciones de buenas intenciones, pero parece que nadie se haya tomado el asunto en serio. Veo que al final, nos tocará a nosotros hacer tanto lo uno como lo otro. En fin, por mí parte no hay problema.

Exámenes, un poquito de por favor

Hoy he estado con Stephen Harris, fundador del centro de innovación educativa SCIL, en Sydney, y que estos dias está visitando Barcelona en relación a un proyecto muy interesante.

En un momento de nuestra conversación ha surgido el tema de los exámenes y, movil en mano, me ha enseñado sus tuits recopilatorios de chuletas y kafkianas medidas preventivas.

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No tengo nada en contra de los exámenes, pero quizás con la llegada de internet deberíamos empezar a plantearnos algunas cosas.

Para empezar, me gustaría ver exámenes en los que esté permitido usar internet sin restricciones. ¿Os lo imagináis? Solo con que un alumno encontrase la respuesta correcta podría comunicarsela al resto. Esto supondría un reto enorme para el examinador. ¿Porqué?

El loable conceptro de adquirir hábitos ha ido confundiéndose paulatinamente con otra habilidad igualmente importante, la capacidad de memorización. Ambas herramientas son utilísimas pero al confundir una con la otra quedan las dos canceladas. Me explico:

Estudiar X, aprender sobre X o comprender X no significa memorizar X. Sin duda para adentrarnos en el conocimiento de X deberemos memorizar algunos datos indispensables que nos permitirán seguir asentando nuestro conocimiento de la materia. Pero, ¿qué tanto por ciento de debe ser memorizado para comprender? No mucho.

Internet nos permite tirar del hilo a partir de muy poco y el maestro en educación es el que sabe perfectamente cual es ese mínimo indispensable a partir del cual puedes encontrar el resto.

Por ejemplo, uno puede saber a la perfección qué es el volumen. Puede saber que hay distintas maneras de calcularlo y que tiene distintas utilidades ¿Es necesario que memorize también cómo calcular el volumen de una pirámide, un cilindro o un elipsoide? ¿O con saber cómo encontrar la manera en un tiempo razonable ya es suficiente?

Imaginemos ahora un examen de redacción. No es que el niño con internet no necesite saber cómo se escribe correctamente, sino que precisamente al tener internet en el examen, se le puede exigir que apenas cometa errores. Disponer de tal poderosa herramienta hace que el resultado del examen pase a ser binario. O bien te has esforzado en usar la herramienta más potente del mundo o simple y llanamente te has negado a hacer el más mínimo esfuerzo.

Esto introduce un nuevo paradigma en la educación del que hablaré más adelante

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School, a work in progress

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The most fundamental problem with the current school system is that it leaves parents out of the equation. It’s not that parents should be more involved in their kid’s schools. That wouldn’t necessarily improve things, and it could potentially make them even worst —see for example the pandemic of parents asking for more homework, more school hours, more testing and less vacations.

When I tell other parents that we homeschool, they tend to freak out. However, they don’t realize they’re probably homeschooling as much as we do. Every time a parent sits with his child to help him with his homework, every time a kid asks an academical question to his parents, every time the kid is with his parents and learns anything he could learn in the presence of a teacher, we see homeschooling in action. Of course, a parent can’t teach everything, I’m not stating that. What I’m saying is that parenting, as a whole, should have never been discarded as an educational force, specially in regards to the basis of pre-curricular education.

Let’s keep in mind that in all democracies the legal and moral obligation to provide an education for a child leans clearly on the parents side, not on the State. The State helps parents by creating and approving an official educational system. And within, it provides a wide range of schools and methods for the parents to choose from. But if the kids fails to be educated it is the parents, not the State, nor the school, nor the method, who will be held accountable.

Having established the obvious dangers of letting parents run a school, and the fundamental need to let parents pull their educational weight, how should we proceed?

First, the school should relax. It should stop trying to parent kids and it should focus only in the task it was designed for.

For years we’ve heard the cries of schools and principals complaining about parents that neglect to educate their kids in the most basic ways. But nothing has been done. This parents transfer their very own fundamental responsibilities to the school, forcing well trained teachers to spend endless hours parenting their pupils, and thus preventing the school, and the rest of the students, from doing anything else.

If parents are lost, busy or going through a rough time they can be helped by the school in any conceivable way that will not spoil them. Let’s keep in mind that the school only can if parents do.

This would free the school of a tremendous weight, allowing it to focus on the real challenge: getting kids ready and skilled for an unimaginable future. This task alone is of epic proportions and just can’t be done without everyone doing its fair share of the work.

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WORK IN PROGRESS

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El poder de los videojuegos e internet

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Los que vivimos la época de Super Mario y Sónic hemos reflexionado más bien poco sobre el potencial de los videojuegos. Para muchos de nosotros son un pasatiempo que ha ido mejorando en cuanto a gráficos, y poco más.

Todos somos conscientes, por ejemplo, del papel transformador que ha tenido el Cine. Consideramos su potencial educativo como evidente, y sin embargo pasamos por alto que desde el 2009 la industria de los videojuegos mueve más dinero que toda la industria cinematográfica del mundo combinada. Un negocio de estas dimensiones, al igual que antaño el cine, es más que un simple pasatiempo.

Dejadme que ponga un ejemplo: Imaginemos por un momento el impacto que tendría un juego al estilo Call Of Duty pero basado en los acontecimientos de la Plaza de Tiananmen. Un juego en el que los participantes se opusiesen al régimen comunista y tuviesen la misión de derrocarlo. El revuelo que se armaría sería impresionante y las ramificaciones alcanzarían millones de personas. En el mundo pasarían muchas cosas, transformaciones tangibles y profundas, fruto de ese juego. Lo primero que sucedería, por supuesto, sería la inmediata prohibición del mismo parte del gobierno Chino, y lo segundo es que los chinos buscarían y encontrarían maneras alternativas de jugar, acciones que producirían reacciones, que producirían más acciones y así sucesivamente.

Este ejemplo tan tosco debería ser suficiente para hacernos ver que la irrupción de los videojuegos es equiparable a la irrupción de la radio, el cine o la televisión. Con el añadido que estos elementos eran grandes monolitos sólidos, aislados y estables. Mientras que los videojuegos, pese a superarlos de calle, son solo una parte relativamente pequeña de la revolución digital.

Es por eso que la importancia del descubrimiento de internet es comparada por muchos autores con el descubrimiento del fuego. A veces olvidamos que somos la última generación occidental que vivió su infancia sin acceso internet. Nuestros hijos la abrazan con la naturalidad del bebé que siempre ha visto arder una hoguera, nosotros la tratamos con un comprensible recelo, conscientes de que pudimos vivir sin ella aunque hoy lo impregne ya todo.

Hemos dedicado poquísimo tiempo a reflexionar sobre estos temas y nuestra política al respecto ha sido más bien simplona. Aunque queme, internet no puede ser tratado como  un mero substituto de la biblioteca. Una hoguera es mucho más que una manta y nos capacita para hacer muchísimo más que antes. Quizás el primer sitio donde deberíamos empezar a hablar sobre el tema es precisamente aquí, en internet.

Mi experiencia con la lateralidad cruzada

ambidA los 16 años un doctor en neurología me recetó cambiar la mano con la que escribía. ¿El diagnóstico? Lateralidad cruzada.

Debo explicar que el médico, aunque tenía sus ideas, no era lo que diríamos un jipi. Era más bien un ilustre señor con traje y corbata, muy distinguido entre sus colegas y que estaba en lo más avanzado de la investigación neuronal en España y en Europa.

Mis resultados académicos y las constantes quejas de la escuela respecto a mi comportamiento hicieron que mis padres me acabasen llevando a su consulta. Tras varias pruebas y preguntas me explicó lo que me sucedía de la siguiente manera:

La lateralidad cruzada, en términos simples, es cuando la información en tu cerebro viaja por el camino más largo. Es como si intentases conectar dos teléfonos que están uno al lado del otro: la llamada puede ir de un teléfono a la torre de comunicación más cercana y al otro teléfono. O puede ir dando la vuelta al mundo, pasar por los sistemas telefónicos de 53 países diferentes y finalmente llegar al otro teléfono. De esta manera es bastante fácil que se pierda información por el camino, que la señal llegue distorsionada, etc. Eso es la lateralidad cruzada.

¿Por qué escribía con la mano que no me correspondía neurológicamente hablando? Los niños no definen su lateralidad, es decir, no se vuelven zurdos o diestros, hasta hacia los 6 años. Antes de esa edad pueden usar cualquiera de los dos brazos sin que eso signifique nada. En mi caso, de pequeño, algún día debí coger la tiza o el lápiz con la mano izquierda y, a partir de ese instante, los profesores dictaminaron que “este niño es zurdo”. Así, desde entonces, siempre que tocaba escribir me recordaban que era zurdo, hasta que acabé aprendiendo a escribir con la izquierda, pese a ser diestro. ¿El resultado? 10 años de caos.

Diagnosticar la lateralidad cruzada o sus variantes no es cosa de aficionados. No se puede hacer bien antes de los 5 o 6 años y se han de hacer diversas pruebas que llevan varias sesiones. No se trata solo de ver con qué ojo miras o con qué mano te peinas, es un poco más complicado que eso. Ante la duda yo recomiendo ir a algún especialista con vasta experiencia en el tema. Hay médicos que no saben ni lo que es, lo admitan o no. En unas tres o cuatro sesiones de varias horas ya deberías tener el resultado.

Cambiar de mano es relativamente sencillo, sobre todo si vas a la mano que te conviene ir. Hay ejercicios que ayudan a realizar las conexiones necesarias, porque se trata de eso, de que la información viaje por el camino más corto. Al principio parece totalmente imposible pero los beneficios se notan rápido. Yo pasé de ser literalmente el último de la clase a ser el primero, claro que también cambié de colegio y eso ayudó, pero bueno, mi periplo escolar por centros públicos, privados, concertados y extranjeros ya os lo explicaré en otra ocasión.

Homeschooling freestyle, “lo normal”

PARKUR

Afortunadamente en España no existe una división basada en el método educativo. En los diferentes grupos de socialización a los que asistimos con asiduidad confluyen tanto familias unschoolers radicales, como cristianos, montesorianos, school in a box y todos los adjetivos y sistemas que te puedas imaginar.

Vista esta variedad de maneras de hacer muchas personas nuevas se preguntan –entonces, en el homeschooling, ¿qué es “lo normal”?– Lo normal no lo sé, esa pregunta sería difícil de  responder, pero lo que más abunda es lo que yo llamo homeschooling freestyle. Es decir, nuestro método es o se construye según convenga en ese preciso instante, asunto o etapa. Modificándose en relación a las nuevas necesidades, aprendizajes y cambios que se den tanto en el niño como en el adulto como en el entorno.

Freestyle es adaptar nuestra praxis a los descubrimientos que vamos haciendo y a la realidad cambiante, sin importar si eso nos  sirve solo a nosotros o al mundo entero. El freestyler prueba, experimenta y concluye qué hacer, sin sentirse obligado a seguir ningún dogma y sin acomplejarse por sus decisiones. Si la solución que le funciona es friki, no pasa nada. El freestyler es un animal práctico, para él “lo normal” es lo eficaz. Aplica un método u otro cuando lo considera necesario y prescinde de él en cuanto lo cree conveniente. En este sentido no es leal a un sistema, ni apto para ser soldado educativo. Para él educar es un arte, no una profesión.