IDIOMA EXTRANJERO Y HOMESCHOOL

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Si sabes un idioma extranjero no seas tonto, enséñaselo a tu hijo antes de que sea demasiado tarde. En mi anterior artículo, LAS BASES PRE CURRICULARES, hablaba de la importancia de no caer en el “cuanto antes mejor” ahora debo presentar la excepción que confirma la regla, y esa es el idioma extranjero.

Para aprender un idioma hay dos caminos: el escolar y el fácil. ¿Cuantos cientos de horas pasaste con las listen tapes, los libros de teoría y los profesores del tipo ”jelou mai neim is Paco”? ¿De qué sirvió todo eso?

Visto el interés que suscita el cómo enseñamos idiomas extranjeros los homeschoolers me propongo a explicar tanto nuestro caso particular como el de amigos que han seguido el mismo camino. No tiene mucho secreto.

Lo importante y fundamental es empezar, esta vez sí, cuanto antes mejor. El error más común es pensar que como los niños son pequeños y todavía no saben hablar “no se enteran de nada”. WRONG. No saben hablar porque están aprendiendo. Yes my friends, aprendiendo. Y si en ese momento les enseñas, en el sentido literal de mostrar, otro idioma, lo aprenderán también.

En cambio, si por vergüenza, pereza o alguna otra razón de auto-boicot te niegas a hablarles en el idioma extranjero desde pequeños no esperes que después, cuando ya dominen el materno, acepten que de repente te de por hablar como a una marciana. WRONG AGAIN, su resistencia será acérrima y créeme, cedirás tu antes que ellos.

Por tanto, ¿cómo lo hacemos? Voy a ser esquemático y espartano en las explicaciones.

—Empieza por hacer combinaciones entre lenguaje de signos / idioma extranjero / idioma materno. Por ejemplo, gesticulas cómo si te llevases comida a la boca y dices –do you want to eat?, –lo repites dos o tres veces, gesto y frase, poniendo más énfasis en el gesto que en la frase.

Si ves que no lo entiende haces la combinación “idioma extranjero, idioma materno” sin pausas entre las dos frases –do you want to eat, ¿quieres comer algo?–. Y así vas construyendo. Te sorprendería la cantidad de conceptos que podemos transmitir mediante gestos, aprovéchalos. Lo que no puedas explicar con signos explícalo dos veces “We’re going to see grandma, vamos a ver a la abuela”. Usa esta última técnica para que aprendan conceptos clave como “do you understand / lo entiendes?” que te permitirán ir avanzando.

También puedes poner palabras que ya conocen, por ejemplo nombres, “let’s go to Plaza Catalunya”, acompañado con gestos.

No tengas prisa en que hablen, vendrá con el tiempo, lo importante es que comprendan.

Cuando empiecen a comprender si no entienden alguna palabra nueva intenta explicarla siempre con otras que ya saben. Esto es MUY IMPORTANTE y la mayoría de veces puedes conseguirlo sin recurrir al idioma materno. Por ejemplo

–This is too expensive.

–¿Qué significa expensive?

–It costs too much money (y gesticulas).

–¿Cuesta mucho dinero?

–Yes, exactly.

Verás que cada vez te puedes ir acercando más a explicar todo en el idioma extranjero combinándolo cada vez menos con el de los signos y/o el materno. Su vocabulario crece y generalmente les parece muy divertido disponer de un idioma “secreto” en el que nos podemos comunicar con ellos, sin que el resto de niños entienda lo que estamos diciendo.

Por último si tus hijos ven audiovisuales utilízalo a tu (y a su) favor. En casa si nuestros hijos quieren ver audiovisuales estos han de ser en versión original. Tenemos TV pero no está  conectada a la antena y por tanto solo pueden ver las películas, series, dibujos, etc que nos bajemos de internet y pongamos en un disco duro. Tienen muchísimo para escoger pero nada está traducido al castellano. Así nos queda el consuelo que los cientos de horas de pantalla que miran a lo largo del año les sirven para algo.

Por último, hay que tener en cuenta que apenas 100 palabras constituyen el 50 % de todo el contenido (sin contar conjugaciones). Así que se trata de ante todo ir aumentando vocabulario, y después poco a poco adoptar la gramática, sin grandes explicaciones teóricas, solo a base de ejemplos.

Espero que os sirva, ya me contaréis.


Más información sobre homeschool, crianza, aprendizaje y socialización en mi libro: Nosotros, los homeschoolers. Realidades, mitos y leyendas. Disponible en Amazon

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LAS BASES PRE-CURRICULARES

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Hay requisitos previos al aprendizaje curricular. Son los cimientos en los que luego se apoyará esta educación y, por tanto, cuanto más afianzados estén, mejor. Sin ellos los contenidos académicos se sostendrán en precario equilibrio y tenderán a desmoronarse o a encallarse continuamente, con enormes e infructuosos dispendios de energías y grandes dosis de frustración asociadas.

Éstas bases no están formadas por ni por materias a entender ni por conocimientos académicos a estudiar, sino por principios mucho más elementales.

Tenemos claro que los niños vienen al mundo sin conocer ningún contenido académico, pero no tenemos tan claro que los padres ignoren todo cuanto hay que saber respecto a la crianza y la educación. Por alguna razón, partimos de la base que “como adultos algo sabemos de crianza” y no es así. Sabemos lo que hemos visto en la tele (sin comentarios) o lo que nos ha explicado la generación anterior, la cual fue vehementemente aconsejada a basar toda su crianza en tres ejes fundamentales: el conductismo, el biberón y el delegar en instituciones y expertos. Por tanto, al querer algo diferente, carecemos de referentes válidos para nosotros.

Lo mismo ocurren en cuanto a la educación. Todos hemos ido al colegio y pasado nuestros años de estudio en un sistema de pupitres, filas y tarima. ¿Qué sabemos de la educación más allá de esa experiencia?

“No saber” no debe darnos vértigo, simplemente hemos de estar dispuestos a empezar de cero y a hacer nuestra parte. Lo diré claramente: señores, la película no va de que el niño haga o deje de hacer, el padre y la madre son co-protagonistas de toda esta historia. Como escribía en un artículo reciente sobre NOSOTROS, LOS HOMESCHOOLERS:

La capacidad de aprendizaje del adulto es más importante que la del niño.1

Vayamos por partes y veamos qué es lo que debemos crear y aprender nosotros. En primer lugar y antes de nada, un ambiente de seguridad:

Para que se dé el aprendizaje curricular en casa lo importante es empezar por crear un ambiente de seguridad y confianza, un ambiente donde desde un principio no haya miedo a no saber la respuesta correcta, ni vergüenza de equivocarse. Un ambiente sincero y no superficial, en el que a fin de cuentas los errores no sean vistos como una derrota o un signo de debilidad, sino como lo que realmente son, el instrumento imprescindible para aprender.2

Observemos qué ocurre cuando pasamos esto por alto y dejamos que nuestras expectativas gobiernen la situación.

…un ambiente curricular paralizador donde la búsqueda del acierto sea el centro del universo, donde se sea intransigente con los errores y donde a fin de cuentas no se invite para nada a levantarse, pues volverlo a intentar implica volver a enfrentarse a la frustración y la decepción de los padres, es un ambiente en el que no puede darse la educación.3

Más claro, el agua.

El total desconocimiento de la manera en cómo aprenden los niños, más nuestra ansia por demostrarnos a nosotros mismos y al entorno que somos capaces, no hace más que entorpecer nuestro camino educativo. Así, en vez de ir hacia aprendizajes  mejores, más rápidos y más eficaces, nos dirigimos directos al desastre, al bloqueo y a los mecanismos de defensa. En vez de crearse una sólida base se está construyendo una cimentación de arena de playa.

Empecemos de nuevo.

Vale la pena detenerse y pensar en lo esencial y en el orden de las cosas. Olvidemos lo curricular por un momento ¿Cómo podemos conseguir ese ambiente de seguridad y confianza tan necesario? Para empezar, calma. Tu hijo nunca estará tranquilo si tu estás histérico, así que empieza por aprender a relajarte. Déjale que haga sus cosas y empieza a hacer para qué no te afecte lo que se espera de vosotros, ni sus equivocaciones, ni cuando no te entiende. En esta fase no importa si no tu hijo no aprende ni un solo contenido curricular, paciencia, aprenderá, los niños no son tontos. ¿Y tu? ¿Aprenderás? Eso no depende de nadie más que de ti.

Una vez te domines y puedas afrontar la educación con la calma suficiente, céntrate en la comunicación. Tu hijo, ¿sabe escuchar de verdad? ¿sabe expresar ideas elaboradas? ¿Y tu? En ningún punto de todo este proceso hay lugar para el autoengaño. Estáis en la privacidad de vuestras vidas y, por tanto, sería absurdo que te mintieras a ti mismo. Se sincero, estás aquí para ayudarte. ¿Estás realmente relajado o es que eres capaz de mostrar una fachada de relajación? Son cosas diferentes. ¿Podéis comunicaros ideas de manera efectiva o toda la comunicación no pasa de la simplicidad superficial? Se honesto, trabájalo, aprende y enseña.

Aunque es a todas luces evidente que sin una buena comunicación no tiene sentido   exponer nada, muchas personas deciden saltarse este paso e ir directos a explicar contenidos curriculares. Tal es la presión del epidémico “cuanto antes mejor”. Son como un herrero novato picando en hierro frío, hacen un estruendo horrible que no lleva absolutamente a nada. Si tu hijo no te escucha ¿cómo le vas a explicar matemáticas? Si tu no le escuchas a él ¿cómo vas a saber qué parte no entiende? Incluso aunque tuviese el más genuino de los intereses ¿cuánto va a dar de sí ese interés si la comunicación a duras penas llega a los mínimos de efectividad?

En esto no hay que tener complejos de ningún tipo. Si para trabajar la comunicación o cualquier otra cosa se ha de ir atrás en el tiempo hasta etapas ridículamente infantiles, pues se hace. Estamos atendiendo a la construcción de unas bases sólidas y no tenemos que rendir cuentas a nadie más que a todos nosotros.

Una vez puesta en marcha la comunicación entonces y solo entonces podremos adentrarnos en lo curricular. Como ya comenté, en el homeschool cada familia da estos contenidos como considera que ha de hacerlo, pero hay unos principios fundamentales a tener en mente, así junto al ambiente de seguridad nos encontramos también las siguientes bases pre curriculares.

Estar abiertos a comportamientos peculiares:

Hay niños que aprenden a sumar de pié, o moviéndose constantemente, otros que pasan por imparables ataques de risa a todo volumen, otros que adoptan posturas extravagantes, otros que necesitan un silencio y una quietud sepulcral… Todo eso en un aula quizás llamaría demasiado la atención como para ponerlo en práctica, pero no lo veo para nada problemático en el caso del homeschooling. Si tu hijo aprende a sumar dando vueltas alrededor de la mesa, ¿qué más te da? Tú en ese momento ¿qué quieres?, ¿que aprenda a sumar o que se esté quieto? Tampoco se va a pasar toda la vida sumando así, pero para entenderlo, para lograr que se le quede en la cabeza el concepto nuevo él ahora necesita hacerlo así. Igual que a veces los adultos gesticulamos exageradamente cuando estamos justo a punto de comprender grandes cosas o de hacer grandes conexiones mentales o de entender el funcionamiento de algo realmente complejo para nosotros. Nos ponemos de pié eufóricos, abrimos las manos, movemos los brazos. No hacerlo sería perder el hilo.4

Saber aceptar la diferencia en el flujo de ritmos:

[El ritmo de aprendizaje del niño] es normal que no esté sincronizado con la velocidad que el padre o la madre preferiría seguir: donde el adulto espera que todo suceda de manera más o menos constante, o en el mejor de los casos de manera logarítmica, se encuentra que los niños comprenden de manera imprevisible. Avanzando en cuestión de minutos lo que cabría esperar que les llevase semanas y tardando semanas en entender lo que cabría esperar les llevase tan solo un momento. A todo eso y para acabarlo de complicar, añádansele las inevitables expectativas que el adulto pudiera tener, que son parte fundamental de la ecuación, o la presión que este padre se imponga por el qué dirán.5

Entender que cada niño es diferente, aunque sean hermanos.

El reto para el adulto no solo está en sincronizar el flujo de ritmos, sino también en adaptar las explicaciones al modo de comprender que tiene el niño en cuestión. Ante un mismo concepto dos niños diferentes necesitarán explicaciones transmitidas de maneras completamente distintas. Esto lo vemos todos los que tenemos más de un hijo. Rápidamente nos damos cuenta de que las explicaciones que sirven para uno, el otro no las entiende. Pero si en cambio se lo explicamos yendo por otro camino, entonces sí. Uno puede necesitar que le expliquemos todos los pasos necesarios, como si de un manual de instrucciones se tratase, otro que en vez de eso le pongamos montañas de ejemplos con diferencias clave entre sí y casi ni le expliquemos los mecanismos. Encontrar la manera adecuada para cada momento, cada persona y cada explicación es un arte que se aprende con mucha paciencia, dedicación y buen humor.6

Trabajar la capacidad de concentración:

Una confusión muy habitual es que los niños están aprendiendo materias. Eso es cierto, pero solo en parte. Sí, inevitablemente se aprenden materias, pero lo que de verdad están aprendiendo es a tener la capacidad de concentrarse. Si se tiene esta capacidad uno puede estudiar cualquier cosa. Por eso los niños daneses aprenden a leer a esa velocidad cuando se ponen a los 7 años, porque su capacidad de concentración es infinitamente mayor a la de los niños españoles de 3 años, que por mucho que lo intenten no pueden avanzar igual de rápido. Sin esta capacidad de asimilación, de comprensión y de concentración no tiene ningún sentido explicar nada. A lo más que se aspira es a memorizar, lo cual para algunas cosas es útil e imprescindible pero nunca podrá competir con la comprensión ni con el entendimiento. Eso en el mejor de los casos. En el peor, la falta de esta capacidad crea un bloqueo contra todo lo curricular que luego lleva años deshacer.

Ser capaz de concentrarse es algo que no tiene mucho secreto, todos conocemos los requisitos necesarios. Está en primer lugar la necesidad de calma, silencio y tranquilidad, y luego la necesidad de un cierto orden. Hay que ser muy sinceros al respecto y no cabe el autoengaño. O hay un ambiente de calma y silencio o no lo hay. Si no conseguís estar genuinamente tranquilos los dos, no pasa nada, pero entonces es mejor dejarlo por el momento. Y si nunca hay momentos en los que los dos cumpláis estos requisitos, ya sabes lo que tenéis que trabajar.7

Y para ello el orden, concepto muy pasado de moda, lo se:

para explicar, comprender y afianzar conceptos es necesario un orden que empieza por lo espacial. La misma mesa donde nos sentemos debe tener todo lo necesario y prescindir de todo lo que no aporte nada y lleve a distracciones. Lo mismo ocurre con la pizarra o el papel. Cuando un niño aprende por ejemplo a pasar de las sumas en el entorno físico a las sumas en papel necesita tener el máximo de limpieza posible. El hacinamiento de cifras, los números mal borrados o un orden pobre sobre el papel lleva directamente a la confusión e inevitablemente desemboca en que el niño se pierde y comete errores. Errores frutos del desorden, no de una falta de agilidad mental o capacidad de cálculo. Esto tiene especial importancia sobre todo cuando se están interiorizando conceptos por primera vez, cuando el niño está pasando de no saber hacer algo a saber hacerlo. Ahí la suma de equivocaciones puede provocar que él mismo, o el padre, piense que no está mentalmente capacitado, cuando lo único que le pasa es que le falta poner orden en el espacio.8

Igualmente importante es saber distinguir la diferencia entre “no puedo” y “me da pereza”. Son cosas diferentes. Entiendo que habrá gente incapaz de aceptar esta afirmación.

hay que tener en cuenta que en [el terreno curricular] hay conceptos que al niño en ese momento de su desarrollo simplemente no le caben en la cabeza, no los puede entender, y en cambio hay otros con los que sí puede trabajar pero que en ese momento le dan una pereza horrible. Esa es la diferencia que en mi humilde opinión hay que saber distinguir para hacer homeschooling. En el tiempo dedicado a la educación curricular, sobre todo si te sientas en la mesa en plan “ahora toca homeschooling”, no hay lugar para la pereza. Caben las equivocaciones, los errores, los comportamientos fuera de lo común… todo lo que quieras, pero la pereza y el tedio no. No se puede pedir a alguien que entienda algo que en ese momento le es imposible entender, por muy lógico y sobre todo evidente que nos parezca lo que estemos explicando, pero sí que se le puede pedir que se aplique y ejercite lo que ya entiende y así avance, pues en la consolidación de lo que ya sabe están las herramientas para llegar al resto.9

Encontrar la manera adecuada o dejarlo estar:

Por poner un ejemplo, es muy normal que a un niño pequeño que todavía no sabe sumar le digas:
–¿Cuánto son 3+2?
Y hagas lo que hagas no lo sepa. Pero en cambio le digas –Si estamos tu hermano, tú y yo en el comedor y entran los abuelos, ¿cuántos somos?

Y sí que lo sepa casi sin pensar. Esos son los caminos que creo que hay que saber encontrar. Porque si sigues con el 3+2 así tal cual y a palo seco o con manzanas en esa época no le va a entrar en la cabeza, te pongas como te pongas, y te sale mucho más a cuenta dejarlo estar10.

Tratar sus esfuerzos con sumo respeto:

Como en todo, prácticamente es tan importante saber hacer como saber parar. Los niños tienen una capacidad de concentración limitada y cuando ves que llega a su fin hay que dejarlo estar sin dudar ni un momento. No importa que te parezca que has hecho poco por hoy, lo relevante es que han trabajado en un ambiente seguro y de concentración. Si continúas, estarás intentando explicar contenidos curriculares a un niño que por hoy ya no se puede concentrar más y todo lo que consigas será contraproducente. Él ha cumplido, ahora a jugar o a ocuparse con las cosas que le dé la gana11.

Y por último. Atender a la curiosidad pura, aunque aparezca a horas intempestivas.

Debo hacer una advertencia a todo el que se embarque en el homeschooling, es algo contrastado con casi todos las familias que conozco: en lo que respecta a los conceptos más duros el interés genuino y en el más puro de sus estados suele darse a altas horas de la noche justo en el momento en el que estás totalmente extenuado y listo para irte a la cama. Es verdad que también van surgiendo intereses durante el día y es de recibo atenderlos, pero la voluntad espontánea de comprender las cosas más complicadas suele darse de tanto en cuanto y a horas intempestivas. Es algo que pasa en casi todas las casas y no sé si tiene que ver con el silencio y la relajación propias del momento previo a ir a dormir o con algún tipo de conexión neuronal o qué, pero la verdad es que ocurre y mucho. Me parece absurdo dejarlo pasar. Hacer homeschooling es como hacer surf, cuando viene la ola has de cogerla12.

Notas

1. Homeschooling. Realidades, mitos y leyendas sobre educar en casa
2. Nosotros, los homeschoolers. Realidades, mitos y leyendas. Pag 110
3. Nosotros, los homeschoolers. Realidades, mitos y leyendas. Pag 111
4. Nosotros, los homeschoolers. Realidades, mitos y leyendas. Pag 116
5. Nosotros, los homeschoolers. Realidades, mitos y leyendas. Pag 111
6. Nosotros, los homeschoolers. Realidades, mitos y leyendas. Pag 112
7. Nosotros, los homeschoolers. Realidades, mitos y leyendas. Pag 113
8. Nosotros, los homeschoolers. Realidades, mitos y leyendas. Pag 114
9. Nosotros, los homeschoolers. Realidades, mitos y leyendas. Pag 115
10. Nosotros, los homeschoolers. Realidades, mitos y leyendas. Pag 115
11. Nosotros, los homeschoolers. Realidades, mitos y leyendas. Pag 116
12. Nosotros, los homeschoolers. Realidades, mitos y leyendas. Pag 116

Abuelos vs. padres

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Cuando tus hijos nacen la gente te avisa de todo lo superficial y evidente que va a pasar, pero de lo realmente trascendental nadie te previene. Nadie te habla de esa larga lista de cosas que van a tener un impacto importante en tu vida.

Entrevistando a muchas madres y padres para mi libro me he dado cuenta de que es muy común el conflicto con los abuelos, sobre todo en primerizos. Es un tema que por cuestiones de espacio no pude incluir en el libro pero que incluyo a continuación, aunque no esté tan desarrollado como me hubiese gustado.

¿Cual es el problema? Con el nacimiento del primer nieto ocurren diversos acontecimientos sobre los que nade ha reflexionado. Parece mentira los cientos de horas que dedicamos a las noticias de actualidad o a entretenernos con los más variados pasatiempos mentales, y las pocas horas que destinamos a pensar en lo primordial.

Empecemos por lo más evidente. Los padres tienen un hijo por primera vez, por tanto no tienen ni idea de a lo que se enfrentan. Tienen ante sí la titánica tarea no solo de criar sino de aprender a criar. Todo lo tienen que descubrir prácticamente de cero, ya que apenas han visto criar a nadie. Lo más probable sea que solo hayan escuchado los dos consejos generales que ya expliqué en otro artículo: o bien tranquilos, que hay métodos, o bien tu aguanta que a los tres entran en el cole. En resumen, inexperiencia total, desconocimiento de los obstáculos que van a tener que superar y falta de información. Una combinación genial.

Ahora fijémonos en los abuelos. ¿Qué supone para ellos el nacimiento del primer nieto? Nuevamente nos encontramos con explicaciones superficiales y simplistas. “Una gran alegría”, “un sueño hecho realidad”, etc. Correcto. Muy bien. Pero, ¿qué supone?

Hay dos  hechos evidentes e indiscutibles que este nacimiento provoca por sí mismo. En primer lugar los abuelos pasan de ser simples adultos a personas mayores. Han superado su zenit y ahora, quieran o no, se encaminan hacia la parte final de la vida. Esto a veces es difícil de aceptar. El nacimiento del bebé es un hito que implica entender y enfrentarse a que la vida no es para siempre. Ya no son padres, ahora son abuelos.

Esa es, precisamente, su principal función familiar ahora. Son abuelos y es menester que como tales se comporten, es lo que la naturaleza espera de ellos. Es lo que su nieto necesita de ellos.

Ser abuelo no debe ser fácil, no solo implica una serie de experiencias agradables y bonitas, más lidiar con yerno o nuera, sino que también implica empezar a enfrentarse al final inevitable, a hacer balance, a darse cuenta… Mientras se es padre uno no piensa en la muerte, se está demasiado ocupado, pero ahora el nacimiento del nuevo bebé les dice directo y a la cara una verdad indiscutible, el tiempo pasa, te estás haciendo mayor.

No todo el mundo reacciona igual pero, en general, todas las familias coinciden en que si hay conflictos con los abuelos son siempre con el primer nieto. Luego la cosa se va relajando, si lo sabes llevar, claro.

Simultáneamente este catalizador, el nacimiento, implica otros hechos igual o más  importantes todavía. Su niño, o su niña, ya no es tan niño o tan niña. Ahora es un adulto al cien por cien. ¿Qué prueba de adultez puede haber más allá de ser padres? Esto implica una rebaja automática en la autoridad de los abuelos sobre su hijo o hija. A un adulto no se le manda, se le manda, si acaso, a un niño y sus hijos de niño o de niña ya no tienen nada.

En segundo lugar, está toda esa larga lista de decisiones que componen los primeros años de la crianza. Decisiones que han de tomar los padres pero que en algunos casos intentan tomar los abuelos, y de ahí el conflicto. El recién nacido, pese a ser muy esperado y deseado, no es su hijo, es su nieto y por tanto la capacidad de decisión que tienen sobre su vida es enormemente inferior a la que en su día tuvieron sobre su recién nacido. Ser abuelo no es revivir la paternidad o la maternidad, es algo totalmente diferente y único en sí mismo, con unas reglas completamente distintas.

La mayoría de problemas vienen derivados de esta negativa a aceptar este nuevo orden natural. La tozudez y el empecinamiento en seguir tratando al hijo o a la hija como a un menor, la costumbre de mandar o la negativa a dejar ir, no hace más que producir un alud de malestar exacerbado en toda las partes. El antiguo sistema con la nueva situación ya no funciona, tuvo su época de protagonismo pero ahora ha quedado obsoleto. Es entonces cuando cada pequeña decisión de los padres se transforma en una batalla dialéctica con los abuelos. Aparecen sugerencias cercanas a las órdenes o menosprecio hacia las capacidades paternales o maternales de los nuevos padres. Más por constatar que se sigue teniendo una cierta autoridad que por el bienestar del recién nacido.

Ante esta inesperada situación, los nuevos padres muchas veces no saben qué hacer. En realidad no tienen muchas opciones. El camino que marca la naturaleza es el que es. Al ser padres han aceptado una serie de responsabilidades vitales y, entre ellas, está la de gobernar sus propias vidas, solucionar todos los obstáculos que se les pongan delante, aunque les cueste, y hacer lo que crean más conveniente en cada momento buscando siempre lo mejor para los que viven bajo su techo. Eso es, al fin y al cabo, criar. Pueden renunciar a este nuevo orden natural, por supuesto. A veces pasa, y entonces tienes a esas familias donde la abuela hace de madre y la madre hace de hermana del bebé, y lo mismo con el sector masculino. Patético. Dramático. De mal encajar.

Soy partidario de respetar casi cualquier sistema organizativo que las familias escojan, al fin y al cabo es su vida. Pero para mí es intentar circunvalar lo inevitable. ¿Cómo ejercerán esos padres cuando les llegue el momento de ser abuelos? ¿Cómo crecerán esos niños? Sin padres y sin abuelos. Cuan desgraciada existencia, sin vivir la experiencia fundamental de tener a unos y a otros cuando paradójicamente los tiene tan cerca.

Quizás me equivoque pero creo que hacer de abuelo debe ser algo extraordinario. Tienes a los niños solo a ratos y te dedicas casi en exclusiva a hacer actividades super positivas y gratificantes con ellos, a transmitir la sabiduría, poca o mucha, que te ha dado una larga vida. Debe ser duro aceptar el ocaso, más en una sociedad donde está prácticamente prohibido hacerse mayor y hay que ser una Spice Girl hasta más allá de los 60. Pero si superas eso tienes vía libre para crear un vínculo fundamental para el niño. Yo tengo un muy buen recuerdo de mis abuelos, historias de complicidad, de libertad, de aprendizaje y de admiración. Ellos son los guardianes de la puerta que nos conecta a nuestro pasado más remoto.

NOSOTROS, LOS HOMESCHOOLERS

Este es el libro que me hubiese gustado tener cuando empecé, uno que aporte información sólida, aunque no sea políticamente correcta.

Disponible en todas las tiendas Amazon. (12€ papel / 7,99 € kindle)

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SINOPSIS ¿Cómo hacen las familias que no llevan a los niños a la escuela para no volverse locas? ¿Qué les hace dar el paso a sacarlos del colegio o no llevarlos nunca? ¿Cómo logran salir adelante?

Durante siete años he ido obteniendo respuesta a esta y muchas otras preguntas a base de vivirlo en primera persona, pasar miles de horas en el parque con otras familias y participar activamente en la lucha legal por el fin de la persecución del homeschool.

Este es el libro que me hubiese gustado encontrar cuando empecé, uno que aclare cómo es el movimiento por dentro realmente, cuáles son nuestros debates morales internos, cómo nos apoyamos unos en otros para sobrevivir y mucho más.

Dado el creciente interés en “cómo” lo hacemos he querido plasmar también las principales cuestiones prácticas, no solo a nivel individual sino también grupal. De algún modo, la publicación de NOSOTROS, LOS HOMESCHOOLERS es un modesto intento de recoger la historia oral del colectivo, recopilando el mínimo imprescindible para conocer el mundo en el que vive un creciente número de familias que en España se está decantando por esta opción educativa.

INDEX

DE QUÉ TRATA Ante la avalancha de transformaciones profundas provocadas por ser padres, los dos únicos consejos que parece tener la sociedad son o bien “tranquila, que hay métodos” o bien “tú aguanta, que a los tres años entran en el cole”. Y si ninguna de estas dos recomendaciones te parecen bien ¿entonces qué? No hay casi nada en ese sentido, un desierto.

DE HECHO, MIENTO, sí que hay muchos libros sobre educación y crianza alternativa pero obvian puntos básicos y fundamentales. En primer lugar, la importancia del adulto, de sus expectativas y en especial de su capacidad de aprendizaje. En segundo lugar la importancia del grupo de socialización, en el que no solo los niños adquieren habilidades sociales sino donde los padres descargan, conectan y encuentran respuestas juntos. Hablar de homeschool y no hablar de los grupos de socialización para mí carece de sentido.

LOS MITOS. Ni todo es de color de rosa ni todo es tan complicado como parece desde fuera. Cualquiera que quiera puede hacerlo, no hace falta nada especial, pero eso no quiere decir que no requiera todo tu esfuerzo, concentración y capacidades. Es duro pero, ¿sabes qué? la vida en sí misma es dura. Y no pasa nada porque lo sea. Ante este hecho cierto y verdadero lo importante es estar preparado, saber cuáles son las reacciones típicas en el entorno, qué te vas a encontrar y cómo es probable que te sientas.

HAY PIEDRAS con las que multitud de familias homeschoolers nos hemos tropezado. No es necesario que tropieces con ellas tu también, o al menos no tan fuerte. Sin duda encontrarás otras en tu camino, no pasa nada, ocúpate de avisar a los que vengan detrás.

LAS LEYENDAS. Ni somos ricos, ni de una secta, ni genios, ni sobreprotectores. A la gente simple y llanamente le gusta hablar sin tener ni idea, soltar lo primero que les viene a la cabeza. Si quieres criticar el homeschool no hay problema, pero por favor, conoce a varias familias antes de hacerlo y ven a los debates mínimamente informado.

LAS RECETAS PARA EL HOMESCHOOL. No hay ninguna, pero sí que hay conceptos que creo son muy importantes a tener en cuenta. Más que nada para que la gente sea capaz de ordenar sus prioridades. En el homeschool, como en todo, hay una serie de leyes naturales que no puedes saltarte a la torera. Son como la ley de la gravedad. Primero hay que construir un ambiente de seguridad, después una buena comunicación y después si quieres entras con lo curricular. Cambiar el orden es el equivalente a poner el carro delante de los bueyes.

RESUMIENDO: Para empezar a hacer homeschool lo más importante es no perder la calma, estar tranquilo, saber qué es probable que pase y qué no es probable que pase, tener donde apoyarte. Hay errores que todos hemos cometido, situaciones que todos pensábamos que solo nos pasaban a nosotros, todo esto, si lo conoces, te ayuda a salir adelante.

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EL TURULUCUTOR Y EL NIRVANA

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Recién regreso de un encuentro repleto de charlas, talleres y actividades y, una vez más, vuelvo junto a muchos otros siendo víctima de un turulucutor. Ese verdugo que allá donde va arrasa sistemáticamente con el tiempo de los demás.

A estas alturas de curso considero de dominio público que los padres homeshcoolers disponemos de muy poco tiempo libre. Nuestra opción educativa apenas nos lo permite, siempre hay algo que tienes que estar haciendo, niños a los que debes atender, situaciones con las que lidiar, etc. Ya lo dicen, que sarna con gusto no pica, pero tarde o temprano a todos nos satisface enormemente tener nuestro ratito libre para nuestras cosas, nuestro espacio de tiempo para uso personal e intransferible, desligado de toda obligación.

En esta ocasión nos encontrábamos un buen grupo de padres, madres y algunos niños pequeños congregados en una sala, como mínimo ochenta personas. Cada uno por su lado todos habíamos acabado decidiendo usar nuestro precioso, escaso y valuosísimo tiempo libre en ir allí a escuchar al ponente. Algunos lo hacíamos por curiosidad, otros porque el tema les parecía interesante, otros no sabían el título pero querían desconectar un rato y ver si tenían suerte con lo que habían escogido a ciegas.

Nada más empieza la charla ya ves que la cosa va a ser calentita. El ponente no repite las típicas doce cosas en las que estamos todos de acuerdo sino que trae ideas diferentes, como si viniese de otro mundo. Puedes estar de acuerdo o no con él pero lo que está claro es que su argumento está muy bien defendido, no es una improvisación, así que a quién quiera cuestionarlo más le vale prepararse para un profundo debate con al menos un poquito de nivel.

El turulucutor interrumpe la charla cuando ya no puede más, es como un niño levantando la mano para pedir hacer pipí, no hace falta que levantes la mano, vas y haces pipí y punto, pero él levanta la mano. Se le da la palabra y suelta sus dos argumentos durante diez minutos que nada tienen que ver con lo que se está hablando. El ponente escucha pacientemente, le da réplica y se dispone a continuar, el turulucutor vuelve a repetir sus dos argumentos durante otros diez minutos. El ponente se queda un poco parado. De las ochenta personas asistentes todos hemos escuchado la réplica que ya le ha dado la primera vez ¿Puede ser que el turulocutor no la haya oído? Se la explica nuevamente, esta vez a un nivel más sencillito. Antes de que acabe el turulocutor le interrumpe y vuelve a presentar sus dos argumentos de P3. Yo me lo miro todo con una sonrisa de William Burroughs. Sabía que esto iba a pasar.

Ante estas situaciones la pregunta nunca es –¿qué está diciendo este hombre?– sino –¿hasta cuando va a estar hablando?– Turulocutores los hay de muchos tipos y niveles. Está el PRO+, que en el turno de preguntas aprovecha para dar una charla él mismo. Después está el PRO a secas, que bien en el turno de preguntas, bien durante la charla, mantiene un largo diálogo con el ponente, como si estuviesen los dos solos en un bar. Después la versión JUNIOR que interrumpe con preguntas socráticas del estilo –¿a qué te refieres cuando dices “una mujer”?– Y por último está la versión KIM JONG IL, que por desgracia es la que nos tocó, y consiste en que el turulocutor tiene dos arengas en absoluto relacionadas con lo que se está hablando y las va repitiendo sin cesar, como si hubiese un magnetófono propagandístico en la sala que nadie fuese capaz de parar.

Así que allí estábamos todos, viendo al turulucutor secuestrar la charla con total impunidad. Mirando cada uno con una mueca diferente, como una comunidad que asiste atónita a la quema de sus tejados. Nuestro tiempo, nuestro precioso y escaso tiempo libre siendo violentamente expropiado ante nuestros ojos durante lo que al final fue como un 40 % de la charla.

Personalmente he realizado diversos experimentos a lo largo de los años y se que ante estas situaciones no hay esperanza. Podrías ponerte a llorar de rodillas en medio de la sala pidiéndole por favor que se calle de una vez y deje continuar al ponente y no lo dentendrías. Nada funciona, yo he llegado a estar de pié gritando a pleno pulmón –¡Cállate! ¡Que no¡ ¡Que no te queremos oír más! ¡Que te calles de una puta vez!– Y tampoco sirve. Es más, estoy convencido que la actuación del turulucutor tiene unas raíces psicoemocionales tan profundas que podrías apuntarle con una pistola en la cabeza y amenazarle con apretar el gatillo si no deja continuar con la charla de una vez por todas y no callaría.

Al final, como siempre, turulucutor y ponente se dan un abrazo, se dan la mano, se lo perdonan todo y tu y las otras ochenta personas os váis a casa con cara de tontos. Ante su aparición en escena no cabe otro camino que entrar en un estado de meditación zen para que su molesta actitud traspase tu organismo mientras asciendes al Nirvana. Si consigues no odiar al turulucutor estarás más cerca que nunca de convertirte en luz y llegar al más allá. Si no lo consigues intenta al menos no cargar con él durante el resto del día, pues como cuenta un famoso cuento zen:

Una mañana dos monjes se encontraron en la orilla de un riachuelo a una mujer que quería cruzar pero tenía miedo a mojarse. Uno de ellos se ofreció a cruzarla aupada en su espalda y al llegar a la otra orilla la mujer se fue sin agradecérselo. El otro monje no se lo podía creer y estuvo quejándose de su mala educación durante el resto del camino. Finalmente al caer la tarde, el monje que la había cruzado, harto de oír a su compañero, le dijo –Yo he cargado con ella al cruzar el río, pero tu llevas cargando con ella todo el día–

Pues eso, ohmmmmmmmmmmmmmmm.

Mi libro sobre HS sale en septiembre

imageSigo adelante con la corrección de mi libro sobre homeschooling. Como muchos de vosotros ya sabéis la intención es sacarlo en septiembre, tanto en ebook como en papel, ya casi está, lo prometo.

La verdad es que hacía tiempo que necesitaba escribir y, más concretamente, necesitaba escribir sobre este mundillo. Llevamos ya cerca de siete años en el homeschool y, bueno, como os lo diría, de vez en cuando vale la pena volver la vista atrás y hacer un poco de balance, tanto a nivel personal como de todo el colectivo. Explicar las cosas para los que llegan nuevos, aclarar conceptos básicos, publicar avisos para navegantes que a todos nos hubiese gustado tener, etc.

En el libro hablo de casi todo, y también de Madrid. Sí. Había que hacerlo. Por Madrid no me refiero a la ciudad, sino a lo que en el mundillo homeschooler se conoció en su momento con el nombre “el proceso de Madrid”, que fue cuando intentamos acabar con la persecución legal del colectivo, una movilización sin precedentes. Lo hago pensando en mañana más que en ayer, para que quién quiera recoger el testigo pueda estudiar la historia y pueda así tanto evitar cometer los mismos errores como buscar los mismos aciertos.

Hablo también de cuestiones organizativas a nivel grupal, de experiencias con el homeschool, de importantes debates morales internos, de cómo nos apoyamos los unos a los otros, de nuestra sociedad, y también de asuntos prácticos a un nivel más básico. Soy consciente de qué cosas quieren saber las personas que empiezan, he hablado con ellas cientos de veces, así que también he querido plasmar en papel lo que siempre les hemos ido explicando, no yo, sino todos. De algún modo es un modesto intento de recoger la historia oral del colectivo.

Por último al final del libro incluyo un capítulo de exhaustivas recetas paso a paso infalibles para que tus hijos te hagan caso siempre. No, eso es broma.

En casa de momento seguimos haciendo homeschool. Un día a la semana voy a dar un taller en una escuela libre muy especial y los niños me acompañan. Seguimos yendo a los grupos de socialización, seguimos yendo a las salidas, seguimos viéndonos con la misma gente, seguimos bien.

Sobre el estilo de escritura, ¿qué os puedo decir? Los que a lo largo de los años me habéis leído en los correos ya sabéis de que va la cosa. La actitud viene siendo la misma, no hay razón para guardar el hacha en el armario y si en algún momento me he mordido la lengua ha sido solo por pura cortesía.

Besos y abrazos a todos, nos vemos en el parque.
Salut,

J